18 de agosto de 2013

El Tiempo (no)Todo Lo Cura

El tiempo nos invita a descansar en su inercia y en su incontrolable continuidad, en su inexplicable capacidad de acomodar los acontecimientos pese a los esfuerzos por escribir sobre él lo que llamamos destino, porque inevitablemente, y demás está aclararlo ya que todos o la gran mayoría, por no ser extremista o por ignorancia, de los seres vivos lo reconocen, pasa; tal vez caminando, al trote, corriendo o imperceptiblemente rápido, pero pasa, sin fin, acaso también sin principio, y esta condición de infinitabilidad, al menos para nuestra vida, es la que nos crea enormes descontentos mentales con nuestras posibilidades de modificar o al menos intervenir en los incidentes vividos o por vivir.
El tiempo nos regala la posibilidad de esperar, sentados, inertes, a que él lo cure todo, a pesar de uno, tomando una actitud pasiva y dejado todo "en manos" del tiempo, tiempo que decidimos dejar pasar sin más acción que la inacción; dejar librado al tiempo la continuidad de nuestro existir, o al menos de algunos de los pasajes de nuestro existir, es una trampa vil, cobarde, fraudulenta, como toda trampa, e hipócrita, para con uno mismo, ya que dejar librado al tiempo la irremediable continuidad de los momentos, sin tomar decisiones personalmente sobre cada uno de esos momentos, es dejarlos, en verdad, en las decisiones de otros en cuanto a sus momentos, los cuales se chocan o rozan con los de uno, y casi por una relación de mutualismo, esos momentos, los de otros y los de uno, se acomodan junto con el pasar del tiempo, y van, sin mayor esfuerzo de a uno, acomodándose en el tiempo.
Salir de la pasividad es un desafío muy grande para los que estamos cómodos dejando pasar el tiempo sin más; encontrar los motivos por los cuales elegimos y decidimos estancarnos en la irremediabilidad del paso del tiempo como acomodador de sucesos, es aún más difícil; y si llegáramos a encontrar esos motivos, suponiendo que existen, y pudiéramos enfrentarnos con ellos, suponiéndolo posible, me es imposible, hoy, imaginar una respuesta a ellos que como resultado, dé una modificación al accionar ante la toma de decisiones, decisiones banales, como dónde festejar un acontecimiento digno de festejo, o decisiones fundamentales como dónde ejercer la profesionalidad de uno; ahora bien, tener ésto dando vueltas en la cabeza y poder manifestarlo en tres oraciones retorcidas y altamente criticables por expertos del lenguaje, es al menos, comprendiéndolo como insignificante, un consuelo; que me tomo el atrevimiento de compartir para convencerme de que con ésto salgo un instante de la inercia temporal, para pasar a una actitud un poco más activa, aunque sea solo de manera mental, para mis adentros, pero con el vértigo de creer que se podrá exteriorizar dentro de poco; o cuando el tiempo lo decida.

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